¿Existe la buena suerte?

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El término “suerte”, que proviene del latín sors y sortis, está definido como una circunstancia o encadenamiento de sucesos, que ocurre de forma fortuita o casual.

Por tanto, la respuesta rápida es sí, la suerte existe. ¿Por qué? Porque es cierto que en nuestra vida ocurren sucesos inesperados o por casualidad. Además, estos sucesos pueden conllevar una consecuencia positiva o negativa. Por ello, se puede afirmar que tanto la buena suerte como la mala suerte también existen.

No obstante, el dilema surge con la forma en la que cada uno de nosotros entiende la suerte. Es decir, con las diferentes interpretaciones sobre la causa que provoca que estos sucesos ocurran.

Aquí, entran en juego la perspectiva racional, que relaciona a la suerte con el azar y la probabilidad; y la perspectiva irracional, que asemeja a la suerte con la fe.

Además, existe otra aproximación que considera que la suerte está condicionada por la predisposición de cada uno a tenerla, en forma de positivismo o negativismo.

1. La suerte como suceso aleatorio

Es la interpretación más racional de la suerte, y la relaciona con la estadística, la probabilidad y el azar.

Desde un punto de vista racional, la probabilidad de que ocurra un suceso viene dada por relaciones causales conocidas. Veamos un ejemplo práctico:

  • Juan tira un dado y saca el número 6. ¡Qué buena suerte!
  • ¿Ha tenido buena suerte Juan realmente?
  • Bueno, estadísticamente hablando, cualquier persona puede sacar el número 6 al tirar un dado.
  • ¿Hubiese tenido suerte si hubiese sacado un 7?
  • Según esta teoría no, pues, racionalmente, es un hecho imposible con un dado de 6 lados. Realmente, Juan tendría buena suerte si obtiene un resultado positivo para él, como sacar el número 6 o incluso el 5; y mala, si obtiene un resultado negativo, como que salga el número uno o se le pierda el dado al tirarlo.

Como podemos observar, esta teoría considera a la suerte como una circunstancia casual y aleatoria, pero siempre controlada bajo unas premisas.

Sin embargo, existen otras aproximaciones racionalistas alternativas, que analizan situaciones que están fuera de control, como la constitución genética, los accidentes o las casualidades. En este sentido, surgen nuevos tipos de suerte:

  • Suerte que difícilmente puede ser cambiada, como la constitución genética o el nacer con un determinado color de ojos.
  • Suerte impredecible. En este tipo se incluirían situaciones como los accidentes por fallos técnicos fortuitos o la propagación de plagas de insectos o enfermedades.
  • Suerte como un resultado caprichoso de varias coincidencias. Un ejemplo sería lanzar una pelota desde un puente. Si esta golpea a alguien, se debería a la curiosa coincidencia de que esta persona se encontraba nadando o navegando por debajo del puente justo en ese momento. Quien lanza la pelota, solo tiene control sobre su acto, pero no sobre lo que haga quien pasa por debajo del puente.

2. La suerte como creencia y objeto de fe

En el lado opuesto a la postura racional, se encuentra la irracional. Esta, considera a la suerte como una serie de sucesos inexplicables y sobrenaturales.

Además, se piensa que es posible interferir en los resultados de esos sucesos, haciendo que sean favorables.

Las formas más conocidas por esta vertiente para atraer a la suerte, son la utilización de símbolos, como herraduras o tréboles de cuatro hojas.

También destacan la creencia en la numerología (estudio del significado de los números), el Feng Shui, o en la relación entre los horóscopos y la suerte.

En cualquier caso, podemos observar coómo esta creencia intenta darle una explicación a la suerte, y demostrar que es posible ejercer un control sobre la misma.

Si lo comparamos con el caso de la probabilidad, con el ejemplo del dado, se intentaba dar respuesta a por qué salía el número 6, pero no se intentaba modificar lo que salía.

No obstante, el punto de vista irracional parece ir más allá, afirmando que es posible intervenir en el resultado, y hacer que una persona saque más veces el número 6.

Se puede decir entonces que, si con la probabilidad todas las causas están controladas, con la fe se podrían controlar tanto las causas como los resultados. Analicemos algunas de las formas con las que se pretende dar explicación a la suerte e influir en sus consecuencias:

Interpretaciones que pretenden encontrar primero la causa de la suerte

Aquí se incluirían las creencias en numerología y astrología, entre otras. Estas interpretaciones consideran que la suerte de un individuo viene determinada por varios factores, como su fecha de nacimiento o números afines (numerología); o la posición de los planetas en el momento en que nació (astrología, horóscopos etc.). 

Según la numerología, la respuesta es: sí; algún día Carmen ganará la lotería. Por su parte, la estadística diría eso de “ya veremos”, ya que sería posible, pero también lo sería el ganar con cualquier otro número que esté disponible.

Interpretaciones que pretenden influir en el resultado de la suerte

En este campo podemos incluir las oraciones, rituales, símbolos u objetos de suerte (herradura, trébol de cuatro hojas) o el Feng Shui (ocupación armónica de un espacio para conseguir influencias positivas).

Pese a que estas opciones tienen características y procedimientos diferentes, todas ellas tienen el objetivo de controlar y modificar la suerte a su antojo. Veamos un ejemplo práctico:

  • A María no le sale nada bien últimamente.
  • María decide colocar una herradura en la puerta de su casa.
  • ¿Le saldrán mejor las cosas a partir de ahora a María? ¿Cambiará la suerte de María?

De nuevo, la respuesta dependerá del punto de vista desde el que se quiera analizar. Desde la interpretación racional, la respuesta sería que pueden ocurrir tanto cosas buenas como malas.

Otros, en cambio, confiarán en que la herradura traerá suerte; (y si no, es que María no la ha colocado bien). Incluso, otra teoría afirmaría que María tendrá suerte no por la herradura, sino por la confianza que esta le ha aportado.

Un caso similar fue estudiado por Lysann Damisch, profesora de la Universidad de Colonia, Alemania, que pidió a la mitad de sus alumnos realizar un examen con sus amuletos de la suerte, y terminaron obteniendo mejores resultados. ¿Fueron los amuletos, o fue la confianza que los estudiantes sintieron? De esto precisamente hablaremos más adelante.

La suerte en otras creencias y culturas

Dentro de las diferentes creencias religiosas, e incluso culturas y países, la suerte también es objeto de infinidad de interpretaciones.

Sin embargo, suelen coincidir en que el desenlace de un acontecimiento, depende de un ser superior, que provoca o permite que eso ocurra. No obstante, doctrinas como el budismo, no creen en el aspecto aleatorio de la suerte en sí, ya que le atribuyen siempre una causa moral.

Sin embargo, en Tailandia, por ejemplo, algunos monjes budistas suelen llevar amuletos protectores que han sido previamente bendecidos.

3. La suerte como fruto de nuestro subconsciente

En esta interpretación, el control sobre la suerte se le atribuye a la propia persona, y no a un ente supremo o a la estadística.

Así, conceptos como esfuerzo, tolerancia, constancia, seguridad en uno mismo y positividad, se convierten no solo en las causas de la buena suerte, sino también en los resultados, ya que la persona entra en un círculo desde el cual puede ver que la vida depende de cómo la afrontamos cada uno, y que todo esfuerzo tiene su recompensa.

Básicamente, se trata de no rogar a la suerte lo que solo se logra con trabajo.

Según Richard Wiseman, catedrático de Entendimiento Público de la Psicología en Reino Unido, existen tres factores fundamentales que explican por qué unas personas tienen más suerte que otras.

  • Uno de ellos es la intuición. Las personas que siguen su subconsciente tendrían más éxito que aquellas que ignoran sus pensamientos y hacen caso de otros. Se trata, en definitiva, de crear circunstancias y no esperar a que ocurran.
  • Por otro lado, las personas que se muestran perseverantes no sufren a pesar de los fracasos, ya que los entienden como una forma de crecimiento y aprendizaje, para evitar que vuelvan a ocurrir. En este sentido, incluso si las circunstancias que hemos creado mediante la intuición, no son del todo favorables, con perseverancia, trabajo y esfuerzo, obtendremos los resultados esperados.
  • Por último, pero no menos importante, el positivismo hace ver siempre el lado bueno de las cosas, permitiendo incluso convertir un resultado negativo en uno positivo (mentalidad de inversión). Por ejemplo, tras los Juegos Olímpicos de Barcelona 92, los psicólogos de la Universidad de Cornell realizaron un estudio, y concluyeron en que los ganadores del bronce, se mostraron más felices que los ganadores de la medalla de plata, ya que estos últimos sentían más frustración por no haber ganado el oro.

Por el contrario, si dejamos que las cosas ocurran al azar, o creemos que nuestro destino depende de otras personas, terminaríamos culpando a los demás por nuestros propios errores. Buscaríamos excusas ajenas a nosotros mismos, y aprenderíamos el concepto equivocado de que, si algo malo nos ocurre, se trata de un castigo.

Todo esto provoca tensión, inseguridad, miedo y hace que afrontemos una actitud pasiva ante la vida. Así no se puede avanzar. Es muy duro pensar que no tenemos el control de nuestros actos y que no tenemos elección.

¿Qué podemos aprender de esta interpretación?

  • A pensar en positivo.
  • A actuar e intentar.
  • A trabajar y ser constantes.
  • A aprovechar las oportunidades.
  • A olvidar y perdonar.
  • A ser pacientes.
  • A aprender de nuestros errores.
  • A conocer nuestras fortalezas.
  • A superar nuestros miedos

Entonces, ¿existe la buena suerte?

La respuesta es sí, ¡la buena suerte existe! Todo dependerá de cómo quieras afrontarla. Como hemos visto, el término “suerte” está tan claro, pero a la vez tan generalizado en la sociedad, que está en ti decidir como interpretarlo. Como dijo Arthur Schopenhauer, “la suerte baraja las cartas, pero somos nosotros quienes jugamos”.

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