El arte del tarot, entre lo esotérico y lo psicológico

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Cuando Joaquín, un abogado de treinta años, entró a la habitación, se desilusionó un poco. No había una bola de cristal en medio de la mesa ni las ventanas estaban cubiertas de cortinas oscuras; tampoco había inciensos, fetos de animales enfrascados o cualquier otro artilugio sospechoso como en las películas.

En cambio, el cuarto donde Sandra (prefirió no revelar su apellido) barajaba sus naipes españoles era de paredes blancas, con fotos de sus familiares colgadas. Sin adornos, minimalista.

Sandra lee los naipes desde que tiene 24 años, cuando cursaba el noveno semestre de odontología en la Universidad de Guayaquil. Ahora es su segunda fuente de ingreso, además del consultorio de odontología que abrió en su casa; desde las 10:00 hasta las 18:00 trabaja simultáneamente en ambas actividades.

Aprendió a descifrar lo que las cartas murmuran por el obsesivo interés de conocer su futuro. Pero “cuando terminé de estudiarlas, supe que no podría hacerlo porque no es lo que las cartas hacen”, dice.

“Los naipes te ponen sobre aviso, te muestran lo que no puedes ver a tu alrededor”, explica. “Despejan tus dudas sobre una pregunta, situación, persona o conflicto específico”, añade.

El tarot es un conjunto de 78 cartas –divididas en 22 arcanos mayores con figuras simbólicas y 56 arcanos menores numerados del 0 (as) al 14 (rey)– con profundo contenido arquetípico.

“Por ejemplo, todos relacionan la carta del rey con poder y el de la muerte como el final de una etapa”, explica Alejandro Ruiz, psicólogo clínico que usa el tarot como una terapia alternativa en algunas de sus consultas.

En la actualidad, varias personas recurren al tarot como una guía espiritual o psicológica. Pero ¿cómo se relaciona la psicología con el tarot?

Ruiz afirma que es una manera de acceder al inconsciente, a través de los significados que tienen estas cartas. “Ayuda a leer posibles consecuencias de seguir actuando como se ha actuado hasta el momento”, comenta.

De acuerdo con él, son terapias no tradicionales que muy pocos terapeutas usan y no están hechas para cualquier persona. En ello concuerda la psicóloga Daniela Catán, miembro del Centro de Desarrollo Personal Mandala.

“Este ejercicio puede desvirtuar el proceso de una persona, condicionar su mente y volverla fatalista si se usa en las primeras sesiones”, dice.

Catán también considera que el tarot es útil en un uso terapéutico más que esotérico. “De esta forma el inconsciente refleja lo que quiere decir, lo que falta por trabajar, la información que te llevas de esta sesión psicológica y qué hacer con ella”.

Agrega que las lecturas esotéricas no leen realmente el futuro, sino que obligan a las personas a crear aquella realidad que las cartas “muestran”.

Al despacho de Sandra llega también Nadia, una maestra de preescolar. Es la tercera vez que visita el lugar.

“Lo hago porque cuando me advierte de algo termina pasando. A veces, mientras me lee las cartas, expone detalles de mis problemas que ni siquiera le he contado”, indica.

La primera vez que consultó al tarot fue cuando terminó con el papá de su hijo. Los naipes le mostraron que su exesposo merodeaba su casa llenándose de valor para tocar la puerta. Que pensaba en volver. Una noche, él regresó. “Todo se cumplió”, culmina.

Ella quiere volver. Sandra le dice que no puede, que no sería sano mentalmente para ella.

Tal como Ruiz y Catán afirman, desde la psicología, la persona podría volverse “adicta y terminar interpretando lo que desea oír, como un efecto placebo”.

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